Demasiado rapido.

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Demasiado rapido.

Mensaje  Laurence el Miér Jul 14, 2010 10:58 pm

Cuanto antes me vaya, antes volveré Lasselanta.
Raudo, a lomos de su sable, esquivando árboles y no muertos, ligeramente inclinado hacia delante y con el Antarbol en miniatura que le había dado Lasselanta en su regazo.
-No te caigas. – Susurro el humano al Antarbol. Este lo miro como si no entendiera mientras intentaba echar raíces sobre su armadura.
Un grito orco rasgo la noche, el humano vio un ligero brillo frente a el, a varios metros, solo un segundo, al poco desapareció convirtiéndose en un silbido y supo lo que era.
¡Agarrate! – Le grito al Antarbol justo antes de que una flecha impactara junto a su hombro, donde acababa su hombrera. Este, por el impacto cayo hacia atrás por el lomo del sable hasta rodar por la tierra muerta de aquel lugar, abrazando al Antarbol y usando su cuerpo como escudo para el mismo. -¡Escóndete! – Le grito soltándolo mientras se levantaba.
Desenvaino y preparo su escudo, no a tiempo, antes de darse cuenta, un orco dirigía su hacha hacia el. Consiguió levantar su escudo, su hombro herido no ayudo, el escudo amortiguo el golpe y el caballero sintió un fuerte dolor en su brazo, obligándole a soltarlo y que este saliera despedido. Retrocedió con una mano en su hombro mientras esta se teñia ya de un liquido demasiado familiar. El orco lo miro, respirando con fuerza, envuelto en ira y con ganas de sangre. Volvió a gritar y se abalanzo sobre el humano con su hacha lista. Este, ahora solo portando su espada, era mas ágil, su escudo ya no estorbaba, corrió hacia el. Metal contra metal, no se oía nada mas, solo el preludio antes de una muerte. El orco atacaba de forma tosca y dura, imponiendo la fuerza que le caracterizaba, el soldado intentaba movimientos mas ágiles y precisos.

Jadeaba, la perdida de sangre no le ayudaba, miraba al orco, se habían detenido unos segundos que parecían horas. –Cuando quieras. – Dijo el humano, ajustándose el casco y preparando de nuevo su espada. El orco, rugió y cargo contra el, este, consiguió desviar el hacha con su espada, agacharse y girar sobre si mismo, haciéndole un corte al orco en el costado. El orco se quejo y consiguió acertar con la empuñadura del hacha en el casco de Laurence. El humano retrocedió, el golpe le había echo perder el casco y que la boca le supiera a sangre. Mareado, intento arremeter contra el orco, este golpeo con fuerza su espada, desarmándolo y luego su estomago de nuevo con el mango del hacha.

La espalda del caballero golpeo contra un árbol, y al poco se deslizo por el hasta quedar sentado. El orco lo miro, ya desarmado era presa fácil. – Aun… sigo en pie. – Dijo el humano levantándose, dando pasos inseguros a los lados, intentando mantener el equilibrio. El orco lo miro y clavo su hacha en el suelo antes de acercarse a el. – Un orco justo… - Pronuncio Laurence antes de escupir al suelo.

Intento darle un puñetazo, el orco paro su golpe con el antebrazo y le propino dos puñetazos en el estomago, luego otro en el pecho que hizo que su espalda volviera a chocar contra el árbol. No hubo descanso, noto una mano aforrándose a su hombro y como el orco comenzaba a propinarle un puñetazo tras otro en el estomago. La armadura del caballero se hundía poco a poco mientras la sangre y las heridas se acumulaban en los nudillos del orco. En un ultimo esfuerzo, consiguió darle un codazo en la cara al orco, para luego propinarle un cabezazo en la nariz, que le obligo a separarse. Se giro exhausto apoyando la mano en el árbol para no caer. Noto que algo le acariciaba la cara mientras intentaba recuperar el aliento. Se dio cuenta de que no era el viento y cuando intento reaccionar una daga se clavo en su mano atravesándola y clavándose en el árbol. Su grito de dolor rasgo la noche, un grito de agonía, lastimero como aquella presa herida, que pide ayuda aun cuando esta todo perdido.
Intento sacar la daga con rapidez, la herida de su hombro, no le dejaba usar la fuerza necesaria, noto un aliento en el cuello y giro la cara poco a poco. Se le helo la sangre, una no muerta lo miraba, con ojos golosos, sonriendo con malicia. Se acerco poco a poco a su cara y le lamió, despacio, degustándolo. La no muerta sonrío y le propino un puñetazo en la cara, todo se volvió negro y la vista se le nublo unos segundos, empezó a recordar.

Se vio a si mismo, hablando con una mujer de pelo claro, se veía a el mismo. Se miro, llevaba la armadura cubierta de la sangre de la batalla y se dio cuenta. Estaba en Vallefresno, el aire limpio que hacia tanto que no llenaba sus pulmones, los árboles meciéndose al viento… Miro a la pareja hablando, el y Lucylda, hablaban en un tono muy bajo. Se acerco despacio, era como si a el no lo vieran.
Proteme una cosa. – Le dijo Lucylda a su alter ego. – Lo que quieras. – Respondieron los dos Laurences, uno a modo de afirmación, el otro en un tono bajo, recordándolo. – Prométeme que no morirás. – Dijo ella en tono triste.

Abrió los ojos, de nuevo el aire putrefacto volvió a sus pulmones, el dolor a su cuerpo y noto como la lengua de la no muerta volvía a posarse en su mejilla.

- Te lo prometo. – Susurro casi para si mismo. Tiro de su mano con fuerza, sintiendo el dolor de la hoja de la daga deslizarse por su carne. Apretó los dientes con fuerza conteniendo el grito mientras la no muerta reía en voz baja. Miro a la no muerta. –Con la comida… no se juega. – Le dijo antes de escupirle a la cara. La renegada se llevo la mano a la misma, queriendo limpiársela. El caballero dio un fuerte tirón con la mano, la daga se desclavo del árbol, quedando presa en su mano, con el impulso del tirón consiguió darle un codazo a la renegada en la cara que la hizo retroceder, cuando esta se preparo para atacar, la mano herida del humano le rodeo el cuello, apretándolo con fuerza, mientras la daga que atravesaba la misma, se hundía en su cuello. La sangre se mezclo mientras salpicaba y sus miradas se cruzaron, esta intentaba gritar, pero solo un agudo quejido salía de su garganta rasgada mientras el humano aun apretaba con fuerza y su cara se manchaba de las salpicaduras de sangre.

La empujo, esta, trastabillo y cayo de espaldas agarrándose el cuello mientras el humano agarraba el mango de la daga y tiraba, sacándola de su mano y dejándola caer al suelo. Dejo escapar el aire de sus pulmones cuando lo hizo, levanto la vista y vio el hacha del orco bajando sobre el, esta, se clavo en su hombrera, no traspasándola, sintió su hombro crujir y la fuerza del golpe hizo que su rodilla cediera, haciendo que esta se doblara, semiarrodillandolo.

Pasaron los segundos, el humano miraba al suelo mientras la sangre mezclada con saliva caía desde su labio a la muerta hierba, no podía hacer mucho mas.
Prometeme que no morirás.
Noto el tirón de su hombro, el orco había desclavado su hacha, volviendo a alzarla.
Prometemelo.
Apretó las manos con impotencia y apretó los dientes. - Lo siento... Lucylda... -
El orco rugió, aclamando su victoria y bajo el hacha con fuerza. El silencio y la tranquilidad volvió a las muertas estepas.

Las manos del caballero rodearon el mango del hacha del orco, sin fuerza, en un inútil intento de detener el golpe. El hacha poco a poco, se detuvo, no por la fuerza que ejercía Laurence, sino por la que ejercía el orco.

El caballero levanto la vista mirando al orco. El humano tenia el labio roto y la cara llena de sangre, sudor y tierra. El orco lo miro y clavo su hacha en el suelo, luego le tendió la mano. El humano dudo casi durante un minuto, finalmente, cogió la mano y esta tiro de el, levantándolo. Miro al orco y le recordó. Fue el orco al que venció en el paso de la muerte, Laurence había clavado su espada en el suelo y ayudado a levantar, el solo hacia lo mismo. El caballero lo miro sin decir nada, y se separo poco a poco de el, dirigiéndose hacia ningún punto, solo queriendo alejarse, cojeaba y se agarraba el hombro con la mano. El orco lo miro irse y como un Antarbol pequeñito lo perseguía, miro a la no muerta y prosiguió su camino.


OCC-----

Estaré un tiempo sin pasarme por el wow, este relato es el porque Laurence no aparecerá estos días por Tierras de la Peste. El orco, como la no muerta, son personajes reales llevados por jugadores.

¡Suerte en las Tierras de la Peste!


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Laurence

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